martes, 12 de agosto de 2008

Miedo a la contemporaneidad

Desde hace unos años menudean las publicaciones más o menos científicas relativas a la historia de este o aquel municipio, unas veces plagados de fotografías antiguas o actuales y otras sesudas recopilaciones documentales de los siglos pasados. El estudio es casi siempre realizado por el erudito local, sino del mismo municipio de uno cercano, o de una extensión más amplia, de la comarca, valle, la cuenca, etc. En algunas ocasiones incluso tiene estudios relacionados con las letras y en algunos es un párroco de la zona o un cura retirado a su lugar de nacimiento. Casi nunca un historiador profesional.
La calidad de las obras es dispar, ya que hay distintas clases, aunque no vamos a realizar una tipología profunda al no ser esto un estudio general del caso. Podemos encontrar, por ejemplo, las obras de recopilación documental: en este caso suele tratarse de personas que pasan largas horas buceando entre antiguos legajos, que como antiguos amanuenses copian literalmente los documentos, transcribiendo su contenido, llegando incluso a publicar obras "históricas" que son literalmente transcripciones de documentos. Por ejemplo, se transcriben las repuestas generales del Cuestionario para la realización del Catastro del Marqués de Ensenada de pueblo XXXX y ya está una "investigación histórica", eso claro si al pseudo investigador se le da más o menos bien la paleografía.
Otro caso es el libro que trata de sacar todas las casas del pueblo, la iglesia y cualquier otro elemento arquitectónico o festivo destacado. Suele tratarse de un libro realizado por encargo, más basado en poner texto al pie de la nutrida concurrencia de fotografías con que se ilustra. Por supuesto, no debe faltar la tía Juana hilando o el tío Paco con las madreñas por la calle del caño que siempre tiene barro, que son muy mayores y a lo mejor ya no conseguimos retratarlos. Una versión más moderna del mismo es el que hace recopilación de las fotos del pueblo, de diferentes épocas.
Una tercera clase que podemos encontrar en las estanterías de bibliotecas y librerías es el pseudocientífico, se trata de un libro estructurado, que ya estudia aspectos de diferentes tipos, económicos, sociales, culturales, etc. En muchos casos obvia lo histórico o lo ciñe a algún elemento muy destacado. Se trata de un tipo de libro que si da una información compleja sobre el municipio, datos de población, festividades, celebraciones tipologías, etc. Todo correcto salvo por un detalle, suelen ser una recopilación de datos de diferentes índoles recopilados en una sola publicación, el autor es un mero recopilador.
Una cuarta clase de libro microhistórico de los municipios, pueblos, etc., es el realizado con método más o menos histórico, está estructurado en etapas históricas, transcribe documentos pero los sitúa en un contexto, a veces es un poco dado a lo anecdótico, se regodea en hechos concretos, más fáciles de documentar, pero buscar llenar al menos cada etapa de la historia con alguna de estas historias. A veces se hace eco de las leyendas ilustrativas.
Seguramente no son las únicas, ya que además de haber algunas con elementos comunes en todas las clases hay algunas a las que no hemos llegado. Tan sólo una pequeña minoría suelen ser obras estrictamente históricas, las más de las veces sobre aspectos incluso más concretos que la propia localidad y tienen su origen en la universidad o en investigadores ya consagrados.
De todas ellas queremos destacar una cuestión que queda patente con tan sólo consultar los índices de algunas de ellas y la razón del título de este post: obvian la historia del siglo XX. Si buscamos fotografías, pocas o ninguna son anteriores a la guerra civil, si lo son nunca tendrán ninguna simbología política, ni saldrá nadie que fuese represaliado. Los que recopilan documentación no están interesados por la república ni por la guerra civil, a ser posible la historia del pueblo se acaba en el siglo XIX. Incluso aquellos que estudian cuestiones sociológicas, económicas y demás no tratan cuestiones como quien gobierna los ayuntamientos, o de que partido era el alcalde que mandó poner la fuente de la plaza, salvo que el partido de este colabore en la edición del libro. Más allá todavía, los que si podemos considerar realizados con un método científico pasan de puntillas por el tema de la guerra civil, no es conveniente citar a los hijos de fulanito que su padre y el vecino se llevan mal porque uno era falangista y el otro rojo, hay que dejar contentos a todos.
El miedo existe. Es un miedo profundo que hace que se oculte una parte de la historia. Es un miedo que ataca a todos los niveles de la sociedad, incluidos los distintos tipos de investigadores que realizan estas investigaciones y que publican estos libros. Aun se nota más si el libro es de encargo: que salgan todos que no quede nadie descontento, que si quedan contentos con el libro a lo mejor sacamos unos votos.
La historia contemporánea de los pueblos da miedo a los investigadores, porque aun está muy cerca, porque aun siguen muchas heridas abiertas y sobre todo porque siempre puede haber alguien que venga a decirte: te has equivocado, eso que cuentas en tu libro no es así. Un romano no va a venir a decirnos si la vía romana pasaba por aquí o 20 metros más allá si nos equivocamos porque han hecho una carretera y ya no se sabe lo que había debajo. Sin embargo, la gente sí. La gente mayor aun le da mucha importancia a lo que se escribe, no pueden entender por qué tomarse la molestia de escribir algo que no sea verdad, o que no sea toda la verdad. ¿Por qué hurtan entonces una parte de la historia los que escriben? ¿Por qué siguen teniendo miedo a la contemporaneidad? También forma parte de la historia pequeña de cada municipio, de cada localidad, incluso de cada familia.
Tan sólo os propongo una prueba, acercaros a cualquier librería de León, a la sección local, y ojead los índices de los libros que traten sobre la historia de algún municipio y buscad algún capítulo sobre el siglo XX, la guerra civil, etc., seguro que en más de uno de cada diez libros no lo podréis encontrar.

viernes, 8 de agosto de 2008

«Nodicia de Kesos» Camino si o camino no


Sigue el dilema del documento en pleno mes de agosto, tal vez porque no hay nada mejor de lo que hablar en un mes en el que escasean las noticias que llenen páginas completas. Todos la apoyan, pero ninguno sabe realmente de lo que se está hablando.

Como muchas otras cosas la «Nodicia de Kesos» ya dio hace algún tiempo el salto a red de redes, teniendo en la Wikipedia su definición y lo que es más interesante, su transcripción, que reproducimos a continuación:

(1ª columna) Nodicia de /kesos que /espisit frater /Semeno: jn labore /de fratres jn ilo ba- /celare /de cirka Sancte Ius- /te, kesos U; jn ilo /alio de apate, /II kesos; en [que] /puseron ogano, /kesos IIII; jn ilo /de Kastrelo, I; /jn ila vinia majore, /II;
(2ª columna)/que lebaron en fosado, /II, ad ila tore; /que baron a Cegia, /II, quando la talia- /ron ila mesa; II que /lebaron Lejione; II /..s...en /u...re... /...que... /...c... /...e...u /...alio (?) /... /g... Uane Ece; alio ke le /ba de sopbrino de Gomi /de do...a...; IIII que espi- /seron quando llo rege /uenit ad Rocola; /I qua salbatore ibi /uenit.

Una traducción aproximada la podemos encontrar en este enlace de la Fundación Saber.es:

Noticia de los quesos que gastó Jimeno, monje del monasterio de los Santos Justo y Pastor de Rozuela: en el bacillar o majuelo próximo a San Justo, cinco quesos; en el bacillar del abad, dos quesos; en el que plantaron este año, cuatro quesos; en el Castrillo, un queso; en la viña mayor; dos quesos; dos que llevaron en fosando a la torre; dos que llevaron a Cea cuando cortaron la mesa; dos... [parte perdida por la aplicación de reactivos y que termina con la aparición de la palabra "Uane Ece" (probablemente la Bañeza)]; otro queso que lleva el sobrino de Gómez; cuatro que gastaron cuando el rey vino a Rozuela; y uno, cuando vino Salvador.

Se trata de un estudio documental editado en la obra Documentos selectos para el estudio de los orígenes del Romance en el Reino de León. Siglos X - XII, editado por Caja España en 2003. Se hace una compilación de los estudios que sobre dicho documento se han realizado hasta la fecha.

Ahora la Fundación Camino de la Lengua Castellana dice que estudiará la inclusión en el itinerario, pero como es lógico y normal terminarán diciendo que no, ya que como declaran se trata de un proyecto vertebrado por la promoción turística y cultural, aunque se use de fondo el tema lingüístico, y no solamente basado en un hito único, sino en un conjunto de hitos turísticos y culturales. Prácticamente todos los lugares del itinerario que la conforman poseen un patrimonio ligado a la lengua, ya sea el caso del Monasterio de San Millán, la Universidad en Salamanca, la casa de Cervantes en Alcalá de Henares, el Monasterio de la Encarnación en Ávila, etc. Aquí no se conserva nada, del Monasterio de Rozuela apenas un solar, el archivo de la Catedral donde se conserva el documento, si bien se puede considerar uno de los mejores archivos en documentación medieval sin embargo tampoco tienen un carácter artístico excepcional y por lo demás, el resto del patrimonio tiene importancia turística por si mismo, sin necesidad de incluirlo en una nueva red. Tal vez alguna posibilidad se tuviese si se uniera a la red contando con hitos como San Miguel de Escalada donde hubo un scriptorium o la presencia de Quevedo como prisionero en San Marcos, aunque ninguno de los dos tuvo una importancia vital en el desarrollo de la lengua castellana.
En definitiva, que si es por promocionar, se promociona y ya está:

¡Ven a León! ¡Ven a Chozas!
Nosotros también tuvimos que ver con el desarrollo de las lenguas españolas.

Pero andar inventando lenguas porque sí, yo creo que eso no. No lleva a ninguna parte, porque así lo único que se consigue es decepcionar a la gente. Más vale promocionar a los escritores leoneses actuales que esos si que han realizado una aportación fundamental al desarrollo de la lengua castellana.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Los «Caminos de la Lengua» son inescrutables

Uff, con que afirmación tan peligrosa comienza el artículo del Diario de León de hoy, que en su página 51 informa de la intención del Ayuntamiento de Chozas de pedir apoyos para disputar a San Millán de la Cogolla el origen del castellano:
«Hace 1.049 años, un monje despensero del monasterio de San Justo y San Pastor, en La Rozuela, garabateó las primeras palabras que dieron origen al castellano. Los quince renglones de su listado de víveres y entregas de quesos desvelan el uso de una lengua que vulgarizaba ya el latín y comenzaba a bucear en el romance castellano»
Osea, según esto debemos entender que el monje, para más señas se indica en otro lugar, que atendía al nombre de Ximeno, no tenía nada mejor que hacer ese día 24 de enero del año 959, seguro que un día frío de invierno, de esos que es mejor quedarse cerca del fuego, que ponerse a garabatear en un papel viejo las primeras palabras en castellano, porque claro, hasta ese momento nadie había tenido la genial idea de crear una lengua nueva estropeando un poco el latín que trajeron los romanos. Por si no fuera poco, esa lengua tiene que ser castellano, porque el alcalde de Chozas debe ser un experto filólogo para asegurarlo.
Nadie se ha parado a pensar que el hecho de que a la lengua que hablamos actualmente se le llame castellano es porque ha habido una realidad social, territorial y política que no sólo ha creado sino también sostenido esta denominación a lo largo de la historia. Si el Reino de León no hubiese perdido la preeminencia sobre Castilla en otras épocas, esta lengua podría ser denominada leonés o tener cualquier otra denominación en función de la evolución política y territorial. A pesar de ello, en aquella época nadie era consciente de ello, o si alguien lo era no lo dejó por escrito.
Pensar que porque uno, o que cien monjes, por escribir cuatro palabras en una lengua que no fuese latín pero con raíces en ella, 500 años después del final del imperio romano, se esten fraguando el nacimiento de una lengua es bastante ilusorio. Cientos de filólogos, todos de lo más profesional, no se ponen de acuerdo en fechar el momento en que se abandona el latín y se puede hablar de lenguas romances, pero no sólo en España, también en los demás países en los que estuvo presente el Imperio Romano y donde de forma posterior se desarrolló una lengua romance tienen sus debates acerca de esta cuestión.
En León, más concretamente en Chozas de Abajo, vienen a decir que hemos encontrado la "Piedra Roseta" de la lengua castellana, "la nodicia de kesos", vamos que le estamos otorgando importancia a la lista de la compra del "super" de un monje del siglo X. Sin duda, una creación de lo más original para la literatura castellana. Es más si me apuran un poco las glosas emilianenses son también un fiel reflejo de la falta de criterio que se tiene con esta manía persecutoria de las lenguas (sobre todo la castellana) que se ha puesto de moda últimamente, buscándolas por "caminos" que nunca existieron. Una lengua que se precie empieza a tener entidad en el momento en el que se escribe literatura con ella, en el momento que se convierte en una herramienta de comunicación eficaz, porque la mayoría de la gente la comprende y la utiliza.
Es verdad que para ello tiene que haber todo un proceso previo, y precisamente ese proceso es el verdadero camino de cualquier lengua y dentro de ese camino los derroteros son infinitos y las variables numerosas. La evolución de la lengua esta sujeta tanto a factores internos, como externos, pasando por el sustrato lingüístico que existiese previamente, en este caso las lenguas prerromanas de cada zona y la evolución del latín en ellas.
El siguiente paso es el latín vulgar, que se trata tanto de la lengua transformada por su uso no culto entre los soldados venidos de diferentes regiones como también por la que se conforma en cada ciudad o región para entenderse con la administración del imperio. Más adelante son numerosas las aportaciones que a las lenguas de la península hacen los pueblos germánicos: visigodos, suevos y demás, aunque ya habían adoptado el latín como lengua. Incluso los musulmanes hacen numerosas aportaciones a la lengua castellana actual. Además de todo eso, hay otra evolución dentro de las lenguas romances en la península, que es la que depende de las divisiones administrativas que aparecen y se transforman, con lo que buscar un fecha o un lugar donde poner su nacimiento resulta extremadamente ridículo. Aun más si tenemos en cuenta que los documentos en los que se basan son una brizna en comparación con lo que no quedó escrito en el uso diario de cada lengua, incluso es una brizna en comparación con la documentación que se ha podido perder a lo largo los siglos.
En definitiva, que no es para tanto el drama de que León no se encuentre incluido en el Camino de la Lengua, dado que ni siquiera es probable que ese etéreo "camino" haya existido nunca salvo en la mente de los que mitifican a la lengua castellana como un elemento sagrado.

Presentación del libro "Muerte y represión en el Magisterio de Castilla y León"