jueves, 2 de abril de 2009

1 de abril de 1939, el final de las operaciones militares, que la guerra no acabó

A pesar de que tradicionalmente se considera ésta la fecha que marca el final de la guerra por producirse la comunicación de que se habían acabado las operaciones militares, lo cierto es que para miles de personas la guerra no había acabado.
Cientos de miles de personas ya se encontraban por entonces hacinados en truculentos campos de concentración en las costas francesas, luchando por sobrevivir al frío, el hambre y las enfermedades, tratando de conseguir un pasaje que le llevase a América o a otro refugio.
Muchos al conocer la noticia del final de la guerra se dieron la vuelta, regresaron a España pensando que con el fin de la contienda ya no había razones para huir, pero en la frontera lo que les esperaba era la reclusión en campos de concentración en el interior de la península.
No mucho mejor destino tuvieron muchos de los que regresaron de forma clandestina, pues la represión organizada les buscaba en sus lugares de residencia anteriores a la guerra y vigilaba a sus familias, algunos al llegar fueron detenidos, otros se quedaron ocultos en los montes cercanos, sin poder regresar a donde tanto ansiaban, pasando a engrosar así las filas de los huidos y algunos después también de la guerrilla.
Unos pocos consiguieron regresar, no fueron apresados, pero tuvieron que esconderse en sus propias casas, convirtiéndose en topos, encerrados en sótanos o en pequeños zulos excavados en los suelos de graneros, casas, cuadras, etc.
La guerra había terminado pero de las cárceles abarrotadas de gente seguían saliendo camiones que llevaban presos a los pelotones de fusilamiento, la maquinaria represora se había puesto en marcha y no tenía intención de detenerse todavía. Los juicios sumarísimos sin posibilidad de defensa alguna, las condenas por denuncias falsas o simplemente por haber quedado en la zona republicana tras el alzamiento se sucedían en toda España.
San Marcos o la prisión provincial en León, el cuartel de Santocildes en Astorga, las cárceles de partido de Valencia de Don Juan, de La Bañeza, los otros campos de concentración y de trabajo habilitados al efecto seguían plenos y abarrotados. Pasaban por ellos presos de todas partes, valencianos, catalanes madrileños, gallegos, andaluces, los que defendieron las últimas posiciones y los que ya huidos de las zonas conquistadas habían vuelto para seguir luchando a Cataluña a Valencia, etc.
¿Quién dice que la guerra había terminado? Las nuevas autoridades franquistas no la daban por terminada, seguían luchando con todos los medios a su disposición contra ese enemigo tan feroz que habían pintado a los largo de casi tres años de guerra, «los rojos», comunistas, socialistas, masones, todos eran culpables. De forma sistemática se eliminaron sus organizaciones, su representación institucional, sus símbolos, sus calles, casi su existencia, en pocos años España era un erial donde sólo existía el «régimen» y su parafernalia dictatorial.
Se sustituyeron todos los aspectos que podían recordar a la República, y siempre las instituciones emanaban desde el estado que dotó a los ciudadanos de una educación franquista, de una religión de estado, de unos sindicatos únicos, verticales y obligatorios, de unas instituciones nombradas por la autoridad civil representante del gobierno.
Por eso, 70 años después podemos decir que la guerra no acabó ahí, sino que continuó borrando de forma sistemática todo lo anterior, incluso los recuerdos y las vidas de cada uno. Os preguntaréis ¿cuando terminó entonces? Y yo os transmito, a la luz de lo que queda por desenterrar, una reflexión, quizá aun no haya terminado.

Presentación del libro "Muerte y represión en el Magisterio de Castilla y León"